Mourinho saca los colores al Madrid

El Estádio Da Luz fue escenario de una de esas noches que explican por sí solas la grandeza, y la crueldad, de la Champions League. El  Benfica firmó una victoria de enorme prestigio ante el Real Madrid por 4-2 en la última jornada de la fase de grupos, un resultado que  reordenó el destino europeo de ambos equipos. Los portugueses certificaron su clasificación para la siguiente ronda, mientras que el conjunto blanco quedó abocado a disputar los play-offs, lejos del objetivo inicial de acceder de forma directa a los octavos de final. Mourinho saca los colores al Madrid

El partido llegaba cargado de condicionantes. El Benfica necesitaba un triunfo de prestigio para mantenerse con vida en la competición, mientras que el Real Madrid dependía de sí mismo para asegurar una posición entre los ocho primeros.

Desde el inicio, el choque mostró dos planes bien diferenciados. El Real Madrid apostó por un control pausado del balón, con una circulación paciente y la intención de desgastar al rival desde la posesión. El Benfica, por su parte, se sostuvo en una presión intensa, con líneas muy juntas y transiciones rápidas, buscando incomodar la salida de balón blanca y explotar cualquier desajuste defensivo.

Durante los primeros compases, el partido se movió en un equilibrio tenso. El equipo portugués fue creciendo con el paso de los minutos, empujado por su público y por una actitud valiente, mientras el Real Madrid trataba de imponer jerarquía desde la experiencia europea.

Ese pulso inicial acabó rompiéndose cuando el Real Madrid logró encontrar profundidad, pero la reacción del Benfica fue contundente, hasta convertir el encuentro en un intercambio de golpes que terminó decantándose del lado local.

Ventaja blanca y reacción encarnada

El marcador se abrió en el minuto 31, cuando Kylian Mbappé aprovechó un gran centro de Asencio para adelantar al Real Madrid . El gol dio al conjunto blanco una ventaja momentánea que parecía encarrilar el encuentro.

Lejos de descomponerse, el Benfica respondió con personalidad. Aumentó la presión, ganó metros y comenzó a generar situaciones de peligro en el área rival. Fruto de esa insistencia llegó el empate, obra de Andreas Schjelderup, que culminó una acción colectiva con un remate contundente.

El impulso local no se detuvo ahí. Antes del descanso, un agarrón de Tchouaméni dentro del área fue sancionada con penalti, que Vangelis Pavlidis transformó con serenidad para poner el 2-1 y desatar la euforia en la grada. El Benfica se marchó al vestuario con ventaja y con la sensación de haber perdonado un resultado que podría haber sido más abultado si no llega a ser por Courtois.

Intensidad, expulsiones y un final imprevisible

Tras el descanso, el Benfica mantuvo la intensidad y volvió a golpear pronto. Schjelderup, de nuevo protagonista, firmó su segundo tanto de la noche para ampliar la ventaja local y colocar el 3-1 en el marcador. El Real Madrid reaccionó apoyándose en el talento individual y volvió a encontrar el gol gracias, otra vez, a Mbappé, que recortó distancias y devolvió la incertidumbre al encuentro.

Con el 3-2, el partido entró en un tramo de máxima tensión. Las decisiones arbitrales desembocaron en las expulsiones de Raúl Asencio y Rodrygo, dejando al Real Madrid con nueve jugadores y sin capacidad real para sostener el ritmo del Benfica en los minutos finales.

Ya en el tiempo añadido, con el Real Madrid defendiendo como podía, el Benfica dispuso de una falta en el pico del área. En una imagen destinada a permanecer en la memoria colectiva, el guardameta Anatoliy Trubin subió al área rival y conectó un cabezazo impecable que selló el 4-2 definitivo en el minuto 98.

El gol del portero certificó una victoria histórica para el Benfica y una de las noches más singulares de la presente edición de la Champions League. Para el Real Madrid, la derrota supone un golpe duro y la obligación de buscar su continuidad europea a través de la eliminatoria extra en la que, por cierto, puede volvérselas a ver con el cuadro lisboeta. Mourinho saca los colores al Madrid.

Sorteo el Viernes

Al Real Madrid, al quedar noveno, le puede tocar el propio Benfica o el Bodo Glimt. Por su parte, a los de José Mourinho les puede tocar los blancos o el Inter. El morbo está servido.