Victoria madridista sin alardes

El Real Madrid salió indemne de una de esas plazas tradicionalmente incómodas como Mendizorroza, donde el Deportivo Alavés volvió a demostrar por qué es un rival incómodo para cualquiera. El 1-2 final no refleja del todo la complejidad de un partido en el que los blancos tuvieron que trabajar cada ventaja y gestionar momentos de clara incomodidad ante un rival intenso, ordenado y con personalidad. Victoria madridista sin alardes.

Un inicio de control sin profundidad

El encuentro comenzó con un Real Madrid dominador en la posesión, pero sin un ritmo excesivamente alto. El conjunto dirigido por Xabi Alonso apostó por una circulación paciente, buscando atraer al Alavés para encontrar espacios a la espalda de los laterales. El equipo vitoriano, bien estructurado en un bloque medio-bajo, cerraba líneas interiores y obligaba al Madrid a progresar por fuera.

Durante los primeros veinte minutos, el dominio blanco fue territorial, pero apenas se tradujo en ocasiones claras. El Alavés, por su parte, fiaba sus opciones a transiciones rápidas y a la disputa constante de duelos, logrando frenar el juego interior madridista y sostener el empate inicial.

Mbappé rompió el equilibrio

El partido se desbloqueó en el minuto 24 gracias a una acción individual de Kylian Mbappé, que evidenció su capacidad para decidir partidos incluso en contextos cerrados. La jugada nació tras una perdida de Denis Suárez, Bellingham filtró un pase estupendo para Mbappé que encaró a su par, amagó hacia fuera y, con un cambio de ritmo fulminante, se perfiló hacia dentro.

Desde la frontal del área, armó un disparo seco y potente con la pierna derecha que sorprendió al guardameta del Alavés, entrando el balón ajustado al palo. Fue un gol de pura determinación individual, que castigó el mínimo desajuste defensivo local y confirmó el valor diferencial del delantero francés.

Al Alavés no le sentó mal el gol. A raíz del mismo, el conjunto babazorro se soltó y empezó a aguantar más la posesión, que hasta el momento había sido única y exclusivamente del Real Madrid. Tuvo el empate en la última jugada tras el rechace de una falta, pero el disparo de Pablo Ibañez fue detenido por Courtois que se hizo gigante y realizó la parada con la cara.

Reacción local y cambio de escenario

La segunda parte presentó un guion distinto. El Alavés adelantó líneas, incrementó la presión y asumió mayores riesgos con balón. El Madrid, más reactivo que dominador, comenzó a conceder metros y a perder continuidad en la posesión, lo que permitió al conjunto local crecer anímicamente.

Los duelos en el centro del campo se intensificaron y el partido entró en una fase más abierta, con llegadas alternas y mayor sensación de peligro en ambas áreas.

Precisión y fe del Alavés

El esfuerzo del Alavés encontró premio en el minuto 69. La jugada del empate llegó tras un desplazamiento en largo de Antonio Blanco desde su propio campo, desajuste en la defensa del Madrid, no había fuera de juego y Carlos Vicente definió ante Courtois previo control exquisito para poner el 1-1

El gol  reflejó la capacidad del Alavés para leer los momentos del partido y atacar con decisión cuando el Madrid mostró dudas estructurales.

Conexión brasileña para decidir el partido

La reacción del Real Madrid fue inmediata y denotó madurez competitiva. Apenas siete minutos después, en el minuto 76, los blancos volvieron a golpear.

El brasileño se fue en carrera de Jony con una potencia descomunal y cuando se introdujo en el área, filtró un pase preciso en favor de carrera para que llegara Rodrygo con la caña de pescar y batiera a un Sivera que poco pudo hacer. Victoria madridista sin alardes.

Gestión final y oficio competitivo

Los últimos minutos estuvieron marcados por la tensión. El Alavés buscó el empate con más empuje que claridad, mientras el Madrid optó por proteger el resultado, juntando líneas y gestionando los tiempos del partido con experiencia. El Real Madrid acabó protestando un penalti clarísimo, de perogrullo, de esos que ponen en las escuelas a los chavales en formación para enseñar de manera gráfica lo que es una pena máxima. Pero claro, al frente del VAR estaba Pablo González Fuertes, el árbitro que junto a De Burgos Bengoetxea protagonizaron una rueda de prensa cuanto menos dantesca entre lloros y amenazas al Madrid. Pues bien, González Fuertes, uno de los peores árbitros tanto en el campo cuando estaba, como ahora en el VAR, del fútbol español, no lo pitó, para variar.