La semifinal de la Supercopa de España disputada en Yeda ofreció un nuevo capítulo del eterno derbi madrileño entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, resuelto a favor del conjunto blanco por 1-2 tras un partido intenso, táctico y marcado por la eficacia en las áreas. El encuentro confirmó, una vez más, que en este tipo de duelos el Real Madrid es letal. Valverde y Rodrygo reinan en Arabia
Un inicio inesperado que condicionó el partido
El choque apenas había comenzado cuando el Real Madrid logró adelantarse en el marcador. En el minuto 2, una falta en la frontal del área fue ejecutada magistralmente por Federico Valverde, cuyo disparo, seco y preciso al más puro estilo Roberto Carlos, superó la barrera y dejó sin reacción a Jan Oblak. El 0-1 alteró por completo el guion previsto, obligando al Atlético a asumir riesgos desde muy temprano.
Este gol tempranero permitió al conjunto blanco manejar el partido desde una posición de ventaja, replegando líneas con orden y apostando por transiciones rápidas, mientras los rojiblancos incrementaban progresivamente su presencia en campo rival.
El Atlético se empezó a hacer dueño pasado el cuarto de hora
Con el paso de los minutos, el Atlético de Madrid se adueñó del balón y del ritmo del encuentro. La circulación fue fluida hasta que el conjunto rojiblanco llegaba a tres cuartos, donde se le apagaba algo la brillantez. El duelo Giuliano-Carreras fue uno de los más disputados durante la primera mitad por la banda derecha del ataque colchonero.
Sin embargo, pese al dominio territorial y a varias aproximaciones peligrosas, el conjunto de Simeone se encontró con un Real Madrid sólido en el plano defensivo. Courtois apenas tuvo que intervenir de forma decisiva, pero sí transmitió seguridad en centros laterales y disparos lejanos, mientras la zaga blanca cerraba bien los espacios interiores.
Eficacia blanca tras el descanso
La segunda parte mantuvo un patrón similar, aunque con mayor ritmo. Cuando el Atlético parecía más cerca del empate, el Real Madrid golpeó de nuevo. En una acción rápida tras recuperación, Valverde filtró un pase preciso para Rodrygo, que atacó el espacio con inteligencia y definió con frialdad ante Oblak para firmar el 0-2 en el minuto 58.
El gol supuso un golpe duro para el Atlético, que veía cómo su esfuerzo no se traducía en goles, mientras el Madrid maximizaba cada ocasión clara. Aun así, lejos de rendirse, el conjunto rojiblanco redobló su presión ofensiva.
Reacción colchonera y final abierto
La insistencia rojiblanca tuvo premio en el minuto 58, cuando un centro lateral de Giuliano encontró a Alexander Sørloth, que se impuso en el juego aéreo y batió a Courtois para recortar distancias. El tanto devolvió la ilusión y la esperanza al elenco rojiblanco, que tras el gol no supo encadenar jugadas consecutivas de peligro.
Durante los minutos finales, el Atlético acumuló hombres en campo rival y generó varias ocasiones claras, especialmente mediante centros y segundas jugadas. El Real Madrid, por su parte, optó por una gestión conservadora pero eficaz, ralentizando el juego cuando fue necesario y cerrando líneas para proteger su ventaja mínima.
EL Madrid fue más letal
El partido dejó una conclusión clara: el Atlético fue superior en volumen de juego y ambición ofensiva, pero careció de precisión en los metros finales. El Real Madrid, en cambio, mostró una notable capacidad para competir en escenarios de máxima exigencia, sacando partido a su pegada y a su experiencia en partidos de eliminación directa.
La diferencia estuvo en la eficacia y en la gestión emocional de los momentos clave. El gol inicial marcó el desarrollo del encuentro, y el segundo tanto blanco obligó al Atlético a jugar contrarreloj.
Clásico en la final
Con esta victoria, el Real Madrid se clasifica para la final de la Supercopa de España, donde disputará un nuevo Clásico por el título. El Madrid volvió a dejar un sabor amargo en cuanto a sensaciones, pero ganó, que era lo importante y más aún cuando el rival venía de meterte una “manita”.
La final contra el Barça será otra historia, un partido que puede decidir una temporada, no por el título en sí, sino por las secuelas que pueda dejar al equipo ganador y perdedor.

