Mbappé y Asencio salvan los mueblesLos jugadores del Madrid celebran uno de los tantos ante el Levante. Foto: cuenta oficial de X del Real Madrid

El Santiago Bernabéu asistió a un partido atravesado por un contexto extradeportivo inusual; una semana convulsa con cambio de entrenador incluido, resultados adversos y un clima de desaprobación perceptible desde el mismo pitido inicial. Los silbidos de arranque y los cánticos dirigidos al palco marcaron el tono de una tarde en la que el Real Madrid necesitaba, más que brillo, demostrar una mínima normalidad competitiva. Mbappé y Asencio salvan los muebles.

Un primer tiempo sin colmillo

En lo estrictamente futbolístico, el primer tiempo fue una declaración de intenciones a medias. El equipo blanco asumió la iniciativa territorial, pero lo hizo con una circulación espesa, ritmo intermitente y poca amenaza ofensiva en los últimos metros. La estadística que mejor resume esa fase inicial es casi de acta notarial, al descanso, ambos conjuntos llegaron sin tiros a puerta, reflejo de un duelo más trabado que dominado.

El plan del Levante y el control sin daño

El Levante, por su parte, compareció con un plan defensivo coherente: bloque medio-bajo, ayudas constantes a los costados y prioridad absoluta por cerrar el carril central para impedir que Bellingham recibiera con ventaja. Sin necesidad de exponerse, el cuadro visitante fue enfriando el partido, aprovechando además ciertas imprecisiones del Madrid para ganar oxígeno mediante faltas y pausas. El empate al descanso respondía a una lógica táctica clara.

La impaciencia de la grada

La sensación general era de control sin daño. Mucho balón y poca profundidad. Mbappé y Vinícius alternaron desmarques con apoyos, pero el servicio fue escaso y, cuando llegaban, lo hicieron casi siempre en inferioridad o con el área cerrada. A ello se añadió el ambiente: la grada, lejos de empujar de manera uniforme, osciló entre la impaciencia y el reproche, lo que convirtió cada pérdida o acción fallida en una fuente de tensión añadida.

El giro tras el descanso

En la segunda parte el Madrid mejoró desde el inicio. Arbeloa movió piezas en el intermedio, dando entrada a Arda Güler y a Mastantuono, y el partido cambió por una razón muy concreta: el Real Madrid empezó a amenazar por dentro y a fijar mejor en banda. Ese ajuste estiró al Levante y generó, por primera vez, situaciones de uno contra uno y llegadas con continuidad.

El primer aviso y el cambio emocional

El primer tiro a puerta llegó con un intento de Arda que detuvo Ryan sin excesivos apuros, pero el mero hecho de obligar al guardameta a intervenir supuso un punto de inflexión emocional en el estadio. El Madrid comenzó a jugar con mayor convicción y el Levante empezó a dar señales de desgaste tras sostener durante más de una hora un esfuerzo defensivo constante.

Penalti que desbloquea el partido

El 1-0 nace de una acción con apariencia simple, pero con relevancia determinante en el desarrollo del encuentro. Mbappé ataca el área, busca el recorte y es derribado por Dela dentro de la zona de penalti. La infracción es señalada y resulta clave porque altera por completo el escenario del partido. El Levante, que había sostenido el empate desde el orden, se ve obligado a asumir riesgos que no tenía previstos. Desde los once metros, Mbappé ejecuta con seguridad en el minuto 58 y alcanza su decimonoveno gol liguero, confirmando su peso específico incluso en días de prestación colectiva irregular.

El golpe definitivo a balón parado

Sin apenas tiempo para reorganizarse, el conjunto visitante encaja el segundo tanto. En el minuto 65, Arda Güler pone un envío preciso desde el saque de esquina y Raúl Asencio, a la altura del punto de penalti, conecta un cabezazo potente e inalcanzable para Ryan. El 2-0 sirvió para calmar un poco las aguas en el estadio y en el partido, no solo amplió la ventaja, sino que normalizó algo más el ambiente, redujo la ansiedad en la grada y permitió al Real Madrid gestionar el tramo final con más oficio que urgencia.

Un final más abierto y controlado

A partir de ese momento, el encuentro se abre y aparecen ocasiones que no habían existido antes. Ryan evita que el marcador se amplíe con intervenciones de mérito ante Bellingham, incluido un cabezazo que exigió una respuesta de alto nivel. Mastantuono roza el gol con un disparo que se estrella en el larguero, prueba de que, con el partido encarrilado, el Madrid encontró continuidad para llegar al área con más recursos. Vinícius, activo pero irregular, alternó acciones de peligro con decisiones discutidas, y su tramo final volvió a estar acompañado por reacciones sonoras de una parte del Bernabéu.

El 2-0 no fue una exhibición sostenida, pero sí una victoria reparadora. Corta una mala dinámica reciente y permite a Arbeloa conseguir la primera victoria y en casa. Dos acciones concretas resolvieron un partido que hasta entonces había discurrido por cauces de esterilidad ofensiva y dejan al Real Madrid con tres puntos necesarios, aunque no plenamente tranquilizadores. Mbappé y Asencio salvan los muebles.