El Real Madrid se llevó un triunfo de enorme valor del Estadio da Luz tras imponerse por 0-1 al SL Benfica en un encuentro intenso, tenso y con momentos que trascendieron lo puramente futbolístico. Fue una victoria trabajada, de esas que se sostienen en la eficacia y el oficio, pero también una noche marcada por un altercado que elevó la temperatura del partido mucho más allá del marcador. Vinicius calla bocas
Un arranque de máxima exigencia
El conjunto portugués salió con valentía, presionando alto y tratando de ahogar la salida de balón del Madrid. Durante los primeros minutos, los locales manejaron más posesión y buscaron profundidad por las bandas, intentando desgastar a la defensa blanca. El Real Madrid, lejos de desordenarse, mostró paciencia. Bien plantado en bloque medio, cerró líneas de pase interiores y aceptó jugar un partido largo. No fue un inicio brillante en lo ofensivo, pero sí sólido.
Primera parte sin mucho más
No fue un primer tiempo de ocasiones muy claras. Mbappé la tuvo tras un centro raso de Valverde desde la banda derecha pero el francés, no llegó a contactar con el esférico. Se vio a un Real Madrid mucho más sólido y solidario que en el encuentro disputado hace tres semanas y a un Benfica sin la necesidad de marcar goles, consciente de la existencia del partido de vuelta, por mucho que sea en el Bernabéu.
El zarpazo blanco
Tras el paso por vestuarios, el Real Madrid se puso por delante y anotó el primer, único y definitivo gol del encuentro. En el minuto 49 Vinicius recibe de Mbappé en la banda izquierda y se marca la jugada marca de la casa del jugador brasileño. Encara a Dedic, se abre en un ángulo de tres metros y la cruza a la escuadra izquierda de Trubin haciendo inútil la estirada del portero ucraniano. GO-LA-ZO.
Sin embargo, ese gol no solo fue el del 1-0, también desató uno de los episodios más comentados de la noche. Tras su celebración, Vinícius protagonizó un intercambio de opiniones con el defensa Gianluca Prestianni, al que acabó acusándole de un presunto insulto racista. La tensión creció tanto que el árbitro se vio obligado a activar el protocolo antirracismo de la UEFA, deteniendo el encuentro durante casi diez minutos mientras se intentaba calmar la situación y restablecer el orden en el campo.
Las imágenes y declaraciones posteriores de jugadores como Kylian Mbappé, que salió en defensa de su compañero gritando al propio Prestianni :“¡eres un puto racista!”, dieron un tono todavía más explosivo al choque y generaron conatos de tangana entre jugadores de ambos equipos, siendo el propio Mbappé y Otamendi dos de los jugadores más vehementes en la defensa a sus compañeros y escudo .
Resistencia y madurez
Lejos de perder la concentración, el Real Madrid mostró madurez competitiva. El Benfica, empujado por su público y espoleado por el clima de tensión, adelantó líneas y buscó el empate con insistencia. Centros laterales, disparos desde fuera del área y acciones a balón parado pusieron a prueba la solidez blanca.
Fueron minutos de sufrimiento para el Real. Sin embargo, la defensa respondió con contundencia y el centro del campo trabajó sin descanso para cerrar espacios con un Camavinga y un Tchouaméni inconmensurables. Courtois también apareció cuando fue necesario, transmitiendo seguridad en los momentos clave.
El Madrid no se dejó arrastrar por el caos emocional. Supo enfriar el partido cuando convenía, administrar la ventaja y se lleva un resultado bastante bueno para la vuelta que se disputa el miércoles de la semana que viene en el Estadio Santiago Bernabéu. Vinicius calla bocas.
